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Las Teorías de la Dependencia: marxistas y latinoamericanas. El materialismo histórico en las obras de Ruy Mauro Marini, Vânia Bambirra y Theotônio dos Santos
Dependency theories: Marxist and Latin American ones. Historical materialism in Ruy Mauro Marini, Vânia Bambirra and Theotônio dos Santo’s research
As Teorias da Dependência: marxistas e latino-americanas. Materialismo histórico nas obras de Ruy Mauro Marini, Vânia Bambirra e Theotônio dos Santos
Las Teorías de la Dependencia: marxistas y latinoamericanas. El materialismo histórico en las obras de Ruy Mauro Marini, Vânia Bambirra y Theotônio dos Santos
Cuadernos de Economía Crítica, vol. 7, núm. 14, pp. 17-37, 2021
Sociedad de Economía Crítica

Recepción: 19 Noviembre 2020
Aprobación: 04 Mayo 2021
Resumen: Las Teorías Marxistas de la Dependencia (TMD) emergieron a finales de los ‘60 al calor de los debates sobre las posibilidades del “desarrollo” autónomo de los países latinoamericanos. Generalmente, se la reconoció por su relación con las teorías estructuralistas, principalmente con la perspectiva desarrollista de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), pero no siempre se ha reconocido su importancia como parte de las corrientes de los pensamientos marxistas latinoamericanos. De hecho, las TMD surgieron en un contexto histórico convulsionado como una de las perspectivas teórico-interpretativas de la autodenominada izquierda revolucionaria. En el presente artículo situamos a las TMD en la historia de los pensamientos marxistas latinoamericanos y analizamos el modo en que Ruy Mauro Marini, Theotônio dos Santos y Vânia Bambirra recuperaron el materialismo histórico para comprender las particularidades de América Latina.
Palabras clave: Teorías de la Dependencia, marxismos latinoamericanos, materialismo histórico.
Abstract: Marxist Theories of Dependency (MTDs) emerged at the end of the 1960’s at the height of the debates about the possibilities of an autonomous “development” of Latin American countries. The MTDs have often been approached in relation to structuralist theories, principally the perspective of the Economic Commission for Latin American and the Caribbean (ECLAC) developmentalism; however, their importance in Latin American Marxist streams of thought has not always been recognized. Actually, MTDs took place in a convulsed historical context as one of the interpretive theoretical perspectives of the so-called revolutionary left. In this article, we locate MTDs in the history of Latin American Marxist thought and we analyze how Ruy Mauro Marini, Theotônio dos Santos and Vânia Bambirra recovered the historical materialism to understand Latin American particularities.
Keywords: Dependence Theories, Latin American Marxist, historical materialism.
Resumo: As Teorias Marxistas da Dependência (TMD) surgiram no final da década de ‘60 no calor dos debates sobre as possibilidades de "desenvolvimento" autônomo dos países latino-americanos. Geralmente, as TMD têm sido abordadas em sua relação com as teorias estruturalistas, principalmente da perspectiva de desenvolvimento da Comissão Econômica para América Latina e o Caribe (CEPAL); sem embargo, sua importância nem sempre foi reconhecida como parte das correntes dos pensamentos marxistas latino-americanos. As TMD tenham surgido em um contexto histórico convulsionado como uma das perspectivas teórico-interpretativas de a chamada esquerda revolucionária. Neste artigo, situamos as TMD na história dos pensamentos marxistas latino-americanos e analisamos a forma como Ruy Mauro Marini, Theotônio dos Santos e Vânia Bambirra resgatam o materialismo histórico para compreender as particularidades da América Latina.
Palavras-chave: Teorias da Dependência, marxismos latino-americanos, materialismo histórico.
Introducción
Las Teorías Marxistas de la Dependencia (TMD) surgieron en la segunda mitad de los años ‘60 como una apuesta teórico-política de intelectuales y militantes que articularon su producción académica con los procesos de luchas que se desarrollaban en el continente. En este contexto, estas teorías emergieron al calor de los debates sobre las posibilidades del “desarrollo” autónomo de los países latinoamericanos y se instalaron como una de las perspectivas teórico-interpretativas de la autodenominada izquierda revolucionaria de la época.
La categoría de dependencia constituyó un marco interpretativo común para la intelectualidad latinoamericana y asumió un lugar fundamental en los debates al interior del pensamiento crítico de la región y en los estudios sociales. Esta categoría indudablemente se presentó como foco de irradiación de referencias y debates que tomaron un lugar gravitante en la historia del pensamiento de AL.
Los planteos de los/as dependentistas pueden inscribirse en lo que Martin Jay (2012) denomina canales pluridialógicos. Encuentran eco y respuestas en una multiplicidad de lugares alrededor del mundo. Tanto intelectuales marxistas como no marxistas prestaron atención al fenómeno de las TMD al constituirse como una apuesta decidida a explicar la realidad latinoamericana para transformarla.
En el presente artículo reflexionamos en torno a la especificidad y aportes de las TMD en tanto parte de la amplia corriente de los pensamientos marxistas latinoamericanos. Ubicamos a las mismas en su contexto de surgimiento y analizamos el modo en que se posicionaron como textos-respuestas, dialogando y disputando con las tendencias hegemónicas en la intelectualidad de la época. En un primer apartado buscamos responder qué lugar tuvieron estas teorías en las corrientes teóricas y políticas de tradición marxista de la región. Comenzamos con algunas digresiones en torno a los marxismos latinoamericanos e inscribimos aquí el contexto de surgimiento de las TMD. En un segundo apartado, analizamos el modo en que Ruy Mauro Marini, Vânia Bambirra y Theotônio dos Santos, principales referentes de las TMD, recuperaron aportes teórico-metodológicos fundamentales del materialismo histórico para pensar la realidad económica, política y social latinoamericana.
1. Las teorías de la dependencia entre los marxismos latinoamericanos
Se debe tener presente que el marxismo latinoamericano, aunque es un concepto, no puede ser enunciado sencillamente, sin comillas ni cursivas, porque al desnudarlo de sus marcas de contingencia daríamos por supuesto lo que es preciso pensar: su historicidad y trayectoria.
Desde una aproximación esquemática, hablar de marxismos latinoamericanos nos enfrenta al menos con dos tendencias. Por una parte, existe una línea que podríamos denominar dogmática que sostiene que la teoría marxista es una y la misma, que se extiende a distintas partes del globo con una capacidad explicativa intrínseca debido a la universalidad de las formas de explotación capitalista. En contraposición, existen enfoques que niegan la posibilidad de comprender la realidad latinoamericana a partir de la teoría marxista al entenderla como una perspectiva occidental y eurocéntrica que nada tiene que aportar al pensamiento regional.
Michel Löwy, pionero en la sistematización de la historia de los marxismos en la región, reconoció dos perspectivas: el excepcionalismo indoamericano, que “tiende a absolutizar la especificidad de AL y de su cultura, historia o estructura social” (Löwy, 2007: 10); y, el eurocentrismo, que niega la especificidad del continente y lo concibe como una especie de “Europa tropical”. Estas posiciones que se presentan como contrarias convergen en su comprensión del marxismo como una teoría estática y acabada que solo es posible “usar” en su repetición dogmática. En definitiva, estas dos visiones ponen en jaque la posibilidad de reconocer “marxismos” propios de AL. Los marxismos latinoamericanos, para ser tal, deben superar “un particularismo hipostasiado y un dogmatismo universalista –gracias a la unidad dialéctico-concreta entre los específicos y el universal–” (Löwy, 2007: 12).
Desde nuestra perspectiva, los marxismos latinoamericanos son aquellas corrientes teóricas y políticas que toman los aportes que se desprenden de la obra de Marx y de la amplia tradición marxista que se extiende a lo largo del globo como una recepción creadora desde y para comprender las particularidades regionales. Afirmar esto no implica desconocer las múltiples confrontaciones al interior de las diversas corrientes y marcos interpretativos que componen lo que se han etiquetado como “marxismo latinoamericano”. Son válidas las advertencias de Acha y D’Antonio: “Intentamos evadir dos tentaciones perjudiciales: la primera es cosificarlo como un concepto definido, en tiempo presente, igual a sí mismo; la segunda es diluirlo, constructivamente, en un juego infinito de diferencias o inconsistencias” (2010: 212).
Para orientarnos históricamente, recuperamos la periodización propuesta por estos autores, a partir de los esquemas de Löwy (2007), Aricó (1985a, 1985b) y Vitale (1983, 1995), donde se identifican distintos momentos, que no debemos leer de manera lineal ni estática.
En continuidad con Vitale, se reconoce una hora cero de los marxismos latinoamericanos entre 1870 y 1910, momento en el que se divulgaron las obras de Marx y se organizaron las secciones de la Internacional Socialista, en donde el desarrollo del marxismo coexistió con elementos del positivismo, liberalismo y nacionalismo.
La primera fase propiamente dicha, se daría durante los años ‘20, con figuras centrales como la de Juan Carlos Mariátegui[1], Juan Antonio Mella y Haya de la Torre, tras la Revolución Rusa y los procesos insurreccionales en Centroamérica que culminaron en los años ‘30.[2] A partir de este momento comenzará la hegemonía estalinista, donde se instaló la teoría de la “revolución por etapas” representada principalmente en la perspectiva hegemónica de los PC[3].
Es relevante destacar que, más allá de la orgánica del PC, durante los años ‘30 tomó forma un movimiento intelectual latinoamericano marcado por una gran afluencia del marxismo como expresión artística y cultural, que configuró una visión fuertemente marxistizada en AL (Cueva, 2007).
Con la Revolución Cubana[4], se abrirá una nueva etapa en la historia de los marxismos en la región vinculada a la configuración de perspectivas de izquierda revolucionarias. En este período se produjo una renovación y proliferación de los programas políticos e intelectuales autodenominados marxistas que se vio interrumpida por procesos dictatoriales y contrainsurgentes.
Desde la década de los ‘80 se reconoce un proceso de retracción de las perspectivas marxistas en la región (Katz, 2018; Acha y D’Antonio, 2010). El golpe a los movimientos revolucionarios y la restauración del capitalismo en su fase neoliberal se expresó en el campo de la academia con un abandono de perspectivas que recuperen el materialismo histórico como perspectiva teórico-metodológica, junto con la impugnación de conceptos como el de clases sociales, lucha de clases y revolución. En el marco de la academia la hegemonía la toman perspectivas que se erigen ya sea desde programas posmodernos y posmarxistas, o desde una línea positivista y analítica que viene desde Estados Unidos (EE. UU.) (Acha y D’Antonio, 2010; Cortés, 2015; Malerba, 2010; Osorio, 2016, 2019).
Ante esta situación, consideramos necesario reconstruir desde una perspectiva materialista de la historia (Anderson, 2004) los marxismos latinoamericanos, a fin de encontrar trazos para pensar nuestro presente. Sin agotar esta tarea que nos excede, continuamos con el ejercicio de identificar hilos claves a fin de situar a las TMD. En continuación con Löwy (2007), podemos distinguir tres nudos problemáticos en la historia de los marxismos latinoamericanos:
En los orígenes de las tesis sobre la dependencia, fueron importantes las influencias de intelectuales como Sergio Bagú y Florestan Fernandes. Este último, sociólogo socialista y militante, se esforzó por desarrollar el proyecto teórico-político de “vincular la sociología como ciencia al socialismo como movimiento político revolucionario” (Fernandes, 1980: 15), abonando a la construcción de una perspectiva histórico-estructural en la comprensión de AL. Por su parte, en intentos por comprender las particularidades locales en el marco del contexto internacional, Bagú sostuvo que el régimen luso-hispano del período colonial no era un feudalismo, sino un capitalismo colonial. Fue uno de los primeros en plantear el carácter capitalista de la colonización, “lejos de revivir el ciclo feudal, América ingresó con sorprendente celeridad dentro del ciclo del capitalismo comercial” (Bagú, 1949: 87). Así, desde un análisis de la dimensión específicamente capitalista de nuestras formaciones sociales, autores como Gunder Frank (1965), Stavenhagen (1981) y Vitale (1995) llegaron a la conclusión de que la causa del “subdesarrollo”, no era el feudalismo, sino el carácter particular que el capitalismo asumió en la región, constituyéndose una de las bases del desarrollo de las corrientes de estudios sobre la dependencia.
Las posteriormente denominadas “Teorías de la Dependencia” deben ser enunciadas en plural ya que en su interior se reúnen diferentes líneas de investigación, tal como lo demuestran los estudios del propio dos Santos (2002), así como de otros autores (Astarita, 2010; Beigel, 2006; Katz, 2016; Osorio, 2016; Svampa, 2016). Siguiendo a Amaral (2012) y Sotelo Valencia (2020), podemos reconocer dos grandes corrientes, una de origen weberiano-keynesiano-funcionalista representada por Fernando Henrique Cardoso y otra marxista, donde encontramos a Marini, Bambirra y dos Santos y otros miembros del Centro de Estudios Socioeconómicos de la Universidad de Chile (CESO).
Las teorías específicamente marxistas de la dependencia comenzaron a configurarse a partir de debates e intercambios impulsados por militantes de Política Operaria (POLOP). Finalmente, fue en Chile donde las tesis sobre la dependencia pudieron ser sistematizadas y expuestas de forma más definitiva, en el contexto de un convulsionado ambiente político, académico y de discusión, que generó el marco para que las TMD se desarrollen (Bambirra, 1977).
Seguimos sosteniendo el plural al hablar de las TMD al reconocer que si bien, desde sus inicios, hubo una perspectiva teórico-política común entre los principales representantes de las TMD, existen particularidades que no siempre resultan complementarias. Con el paso del tiempo los estudios de la dependencia desde una perspectiva marxista se han ido nutriendo de diversas perspectivas, muchas veces en tensión, como puede verse en los debates entre Katz (2018) y Osorio (2019).
Reconocemos que Bambirra, Marini y dos Santos fueron los principales representantes de las TMD, desde sus orígenes. Sus aportes teóricos se reflejan en sus múltiples producciones académico-políticas, en particular del periodo de finales de los 60 y principios de los70. Si bien a lo largo de su trayectoria continúan revisando y complejizando esta teoría, en este periodo delinearon claramente sus fundamentos (dos Santos, 2002). Entre las obras más representativas encontramos La Dialéctica de la Dependencia (Marini, 2008), El capitalismo dependiente latinoamericano (Bambirra, 1972) e Imperialismo y dependencia (dos Santos, 2011).
Ahora bien, tal como afirma Osorio, “La apropiación por el marxismo de la categoría de ‘dependencia’ no fue un proceso fácil ni exento de contradicciones” (2016: 51). ¿Qué es lo que habilita la adopción de los estudios de la dependencia desde una perspectiva marxista? Entendemos que su origen se relaciona con las condiciones histórico políticas dadas en la región, vinculadas al surgimiento de la autodenominada “izquierda revolucionaria”:
Podemos fijar el nacimiento de la izquierda revolucionaria en América Latina en la segunda mitad del siglo XX. En el período inmediatamente anterior van surgiendo una serie de factores para dar a esa izquierda las características que presenta en los cincuenta y van a marcar de cierta manera su desarrollo posterior...tres grandes determinantes que nos permiten intentar apreciar el surgimiento de una nueva izquierda en el continente: un factor del orden económico, un factor del orden social y un factor de orden ideológico. (Marini, 2012: 179)
Los tres factores señalados por Marini también fueron delineando la perspectiva sobre la que se configuran la corriente de estudios sobre la dependencia de orientación marxista como marco teórico-político: 1) la consolidación del ejercicio efectivo de la hegemonía de EEUU, que genera una reacción contra la inversión extranjera por parte de sectores de la misma burguesía, de las clases medias y de los sectores populares, generando una expansión del sentimiento antiimperialista; 2) un mayor protagonismo de los sectores campesinos en los procesos de lucha de los ’50; 3) con el avance del imperialismo y el surgimiento de una burguesía detractora del capital extranjero que se oponían a los sectores oligárquicos, el PC reafirma su estrategia de alianza con la burguesía nacional, al tiempo que el proceso abierto por la Revolución Cubana ponía en jaque perspectiva política. (Marini, 2012)
Las TMD se consolidaron, entonces, como marco teórico-explicativo vinculado a aquellos sectores que construían una perspectiva revolucionaria y reivindicaban que la única posibilidad de emancipación de los pueblos de AL es mediante una revolución socialista y antiimperialista, criticando la perspectiva etapista de la revolución que sostenía el PC:
los PC llegan a los años cincuenta con esa visión de la revolución por etapas, reforzando por todo lo que fue la experiencia del frente antifascista, de los pactos nacionales...eso llevó inevitablemente a una política de colaboración de clases que se expresa no solo en el plano político, sino también en el plano ideológico...pierden su capacidad de elaboración, de comprensión de lo que es América Latina, su economía, su desarrollo capitalista y, en verdad, pasan a adoptar una tesis elaborada por la burguesía en la CEPAL. (Marini, 2012: 184-187)
Las TMD surgieron como una corriente de pensamiento íntimamente vinculada a una tendencia política de izquierda revolucionaria. Marini se unió al Movimiento de Izquierda Revolucionaria chileno (MIR), que articulaba de manera regional con el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) de Argentina, con el Tupamaros de Uruguay y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia (Rivas Herrera, 2012: 31). Por su parte, dos Santos y Bambirra militaron en el Partido Socialista Chileno. Más allá de las diferencias tácticas y estratégicas de estos partidos, se encontraron en la construcción de un marco interpretativo común, abandonado una perspectiva que se posiciona como la tendencia hegemónica que asumía la academia afín a la izquierda, la perspectiva de la CEPAL y la de estudiosos de la dependencia de gran peso y vinculados a la mirada cepalina como Cardoso y Faletto (1969); así como las tendencias políticas hegemónicas del PC que las reproducen.
La gran presencia y diversidad que asumió el marxismo en AL, principalmente a partir de los ‘60, dio lugar a una renovación tanto de los programas de investigación, como de las tendencias de las orientaciones partidarias y organizaciones. Cobraron mayor visibilidad en algunos países las rupturas maoístas (Urrego, 2017; Rupar, 2017), guevaristas (Kohan, 2005) y trotskistas (Gonzales et al., 1999; Rojo, 2012), así como la llegada dentro del propio PC de las claves gramscianas para renovar el pensamiento marxista de la región (Aricó, 1988; Burgos, 2004; Córdova, 1988; Coutinho, 1988; González, 2014; Kanoussi, 2000; Secco, 2002). ¿Qué relación tiene el dependentismo con estas otras variantes teórico-políticas del marxismo, que tienen un contexto de llegada y desarrollo semejante?
En el caso de la recepción de Gramsci, según el análisis de Katz, autores (neo)gramscianos como Aricó y Portantiero, estimaron que “el antiimperialismo y la dependencia eran conceptos obsoletos” (2018: 131) y en ese sentido pensadores como Marini se enfrentaron a sus perspectivas. Además, en un plano de orden político, Marini afirmaba que el
neogramscianismo surgió como crítica de las organizaciones e ideologías (de raigambre leninista) que hegemonizaron la ‘vía chilena al socialismo´…lo que conducirá a legitimar el marco de la legalidad como la vía idónea para avanzar, estrictamente mediante el proceso electoral, a la instauración del socialismo. (Sotelo Valencia, 2005: 103)
Por su parte, si bien las tendencias maoístas y trotskistas tienen lecturas propias respecto del imperialismo, divergen con las perspectivas de las TMD. Sin adentrarnos en esta discusión, nos interesa avanzar propositivamente en qué claves consideramos que la recuperación de las TMD del marxismo, y particularmente del materialismo histórico, abren el campo a una perspectiva marxista latinoamericana renovadora y con resonancias en la actualidad.
2. La Teoría Marxista de la Dependencia y el materialismo histórico
La propuesta teórico-metodológica que se desprende de la obra de Marx se configura como un cuerpo de pensamientos que se ha ido desarrollando y transformando a partir de procesos de investigación colectiva a lo largo de generaciones y continentes. Se va gestando, entonces, un lenguaje analítico que propone categorías histórico-conceptuales que se recuperan, adaptan y reconfiguran en los múltiples “marxismos”.
Desde esta perspectiva, recuperamos el materialismo histórico, de manera “ortodoxa” (Lukács, 1970), como un camino metodológico que no postula un único determinante, sino la necesidad de tener una mirada integral donde se pone en juego la relación entre las múltiples determinaciones, reconociendo los niveles de abstracción y relación entre los mismos. Anderson (2004), en su importante obra Tras las huellas del materialismo histórico, reconoce tres características fundamentales de esta perspectiva que le otorgan primacía en el campo de las tendencias política revolucionarias: i. su configuración como sistema intelectual; ii. sus aportes como teoría de desarrollo histórico; iii. su carácter como teoría fundamento de prácticas revolucionarias triunfantes (Anderson, 2004: 106-107).
Siguiendo los tres elementos planteados por Anderson, podemos afirmar que los/as teóricos/as marxistas de la dependencia, encontraron en la obra de Marx un sistema intelectual desde el cual poder comprender las complejidades y particularidades del capitalismo dependiente, desde un análisis que integra distintos niveles de abstracción y articula dimensiones estructurales y superestructurales con fenómenos locales y globales. Esto se refleja en el modo en que orientaron tanto sus análisis concretos como sus propuestas teóricas.
La primera vez que Marx desarrolló su propuesta teórico-metodológica fue en 1847 en su conocida polémica con Proudhon publicada bajo el título La miseria de la filosofía. Aquí, comienza sentando una base de racionalismo dialéctico y afirma que todo lo que existe lo hace “por un movimiento cualquiera” (Marx, 2007a: 99). Desde este punto de partida, sostiene la tesis de que abstrayendo los diferentes momentos del movimiento de una cosa (o concepto) se puede descubrir el movimiento puro abstracto o formal, y una vez delimitado este encontrar en su “forma lógica” el método absoluto de la dialéctica (2007a). Marx establece que la investigación debe partir de un primer acercamiento a la cosa que será su objeto de estudio, pero este primer acercamiento aparece, en primera instancia, como una representación caótica. Ahí es cuando comienza el primer paso, que consiste en analizar, es decir, separar el conjunto en sus múltiples determinaciones o partes: “de lo concreto representado llegaría a abstracciones cada vez más sutiles hasta alcanzar las determinaciones más simples” (Marx, 2007b: 21). Una vez identificadas las determinaciones más simples debemos “emprender el viaje de retorno” al conjunto del que ya no tendremos una representación caótica “sino una totalidad con múltiples determinaciones y relaciones” (Marx, 2007b: 21).
En la recuperación de este método, el estudio de las dinámicas sociales involucra múltiples dimensiones analíticas que son sintetizadas en una mirada totalizante, en tanto y en cuanto los fenómenos sociales constituyen expresiones de una totalidad compleja y contradictoria. En el método dialéctico, el momento estructural, es decir, de las características del modo en que se produce la existencia material de una sociedad, ocupa un lugar gravitante. No obstante, por sí sola no puede dar cuenta de la totalidad de la realidad, por lo que se presenta como determinación fundamental para la comprensión del todo. Una totalidad que se restituye en tanto dinámica, relacional, contradictoria y en cierta medida, provisoria. Es resultado de una operación del pensamiento por aprehender una realidad constitutivamente fragmentada y contradictoria.
Desde la recuperación del materialismo histórico como metodología general y de aportes teóricos de El Capital, los/as teóricos/as de la dependencia avanzan en la caracterización de las formaciones sociales de la región desde una perspectiva integral que no aísla las esferas de análisis en campos disciplinarios escindidos entre sí. Como afirma Marini, existe una oposición entre la visión totalizadora del marxismo y la “visión parcelaria de las ciencias académicas burguesas” (Marini, 1983). Es posible abordar problemas sociológicos, siempre y cuando no se abandone este método. Se oponen así a los análisis empiristas que se quedan en el plano superficial de los acontecimientos sociales, sin procurar su explicación basada en las condiciones que los hacen posibles (Osorio, 2019).
El concepto de dependencia no presupone un mundo temporal y espacialmente dividido en dos frentes opuestos. En cambio, intenta pensar esas dimensiones de manera integrada como producto de un único proceso histórico que es la acumulación de capital a nivel global. Las periferias no están a la espera de la llegada del capitalismo y su consecuente proceso de desarrollo, sino que los antagonismos propios entre estas regiones son justamente el resultado del modo en que se ha dado el proceso de expansión capitalista a nivel mundial. Así, Marini, en su obra más conocida, La dialéctica de la dependencia, aporta elementos para una teoría económico-política de la dependencia definida como una “relación de subordinación entre naciones formalmente independientes, en cuyo marco las relaciones de producción de las naciones subordinadas son modificadas o creadas para asegurar la reproducción ampliada de la dependencia” (Marini, 2008: 115).
De esta manera, explica la dependencia a partir de las contradicciones de la producción capitalista en general y del modo en que AL se vincula a la dinámica del comercio internacional. En base a la teoría del valor de Marx, específicamente la configuración de la ley del valor en el ámbito de la circulación de capitales desarrollada en el tomo III de El Capital (2010), se presenta la relación de dependencia como uno de los mecanismos que contrarrestan la caída tendencial de la tasa de ganancia en el capitalismo central. Por ende, la transferencia de valor se presenta como un eje imprescindible para comprender la dinámica capitalista mundial (Marini, 2008: 115-118). Su principal consecuencia es la interrupción del ciclo de valorización de capital a escala local. Por ello, los capitalistas de países dependientes acuden a formas específicas de explotación de la fuerza de trabajo, mucho más drásticas que en los países centrales, denominadas formas de “superexplotación”.[5]
Por su parte, dos Santos sostiene que:
El estudio del desarrollo del capitalismo en los centros hegemónicos dio origen a la teoría del colonialismo y del imperialismo. El estudio del desarrollo de nuestros países debe dar origen a la teoría de la dependencia (...) las leyes que rigen el desarrollo de los países subdesarrollados son específicas y como tales deben ser estudiadas como leyes del desarrollo de los países capitalistas dependientes y sus distintas formas tipológicas. En este caso, por tanto, no se trata de "aplicar" conceptos genéricos a particulares, sino de redefinir conceptos universales según algunas situaciones específicas. El resultado es un nuevo concepto. (dos Santos, 2017: 146)
Desde esta perspectiva, el autor estudió los mecanismos y legalidad histórica propios del capitalismo dependiente, en la búsqueda por completar el otro lado de la dinámica imperialista, no estudiada por los clásicos. La definición de la dependencia como consecuencia y condición del desarrollo capitalista a nivel planetario, se fundamenta particularmente en una lectura de la teoría del imperialismo leninista pretendiendo no ser una repetición o negación de la misma, sino un complemento necesario para dar cuenta de la especificidad que asumen las relaciones imperialistas en el capitalismo dependiente latinoamericano a partir del estudio de los procesos históricos concretos (Amaral, 2012; dos Santos, 2002; Kohan, 2017). Además, dos Santos sostuvo la necesidad de superar la idea de dependencia como una cuestión estrictamente externa, afirmando que la dependencia es una situación condicionante de las estructuras internas de los países de AL (dos Santos, 2017)[6].
Bambirra, por su parte, explicó claramente por qué la categoría de dependencia se presenta como una categoría histórico-estructural:
La utilizamos con el objeto de adecuar la metodología creada por Marx al enfrentamiento de estudios de la problemática de las sociedades dependientes latinoamericanas, tratar de explicar las leyes de movimiento de estructuras específicas, históricamente condicionadas. Es por esto por lo que creemos que la expresión histórico-estructural es adecuada, porque el nivel de análisis que pretendemos desarrollar, si bien como hemos señalado no se limita a ningún país en particular, se sitúa en un nivel mucho más concreto que el nivel del análisis sumamente abstracto realizado por Marx El Capital. (Bambirra, 1972: 10-11)
Los análisis de la autora aclaran el nivel de abstracción y alcance explicativo de esta categoría y al mismo tiempo aporta claves teórico-metodológicas centrales para construir una lógica operativa en los estudios sociales. Al diferenciar nítidamente los niveles de análisis a fin de poder arribar a estudios estructurales e integrales, se esclarecen las particularidades de la categoría de dependencia, categoría que, en tanto explica una fase y modo particular en la que se desarrolla el capitalismo, tiene un grado menor de abstracción que la categoría misma de capitalismo desarrollado por Marx. No obstante, como categoría general, es decir, como situación condicionante (dos Santos) o como dialécticapropia del capitalismo en AL (Marini), representa un grado de abstracción mayor a los análisis concretos de cada coyuntura. Con una división analítica de los fenómenos y en virtud de comprenderlos en su totalidad, estas perspectivas superaron las limitaciones de la ciencia oficial, donde ocuparon un lugar central los análisis desarrollistas y estudios como lo de Cardoso y Falleto (1969), que según estos/as autores/as comprendían a la relación de dependencia como un fenómeno externo que actuaba de forma coactiva sobre la situación latinoamericana (Bambirra, 1972).
En consonancia con este desarrollo, en El capitalismo dependiente latinoamericano (1972), Bambirra recuperó la noción general de dependencia para bajar a niveles de concreción más específicos. Formuló una tipología donde se reconocen algunas características propias de los diferentes países de AL, realizando un “estudio de las manifestaciones históricas específicas del proceso de cambio de las estructuras dependientes que se forman en el continente” (Bambirra, 1972: 7). La tipología presentada busca explicar "etapas", "fases" o "transformaciones" dentro de la dependencia. En estos análisis se muestran las especificidades de las sociedades latinoamericanas articulando diferentes niveles de comprensión y llevando a cabo un estudio científico que encuentra en los factores condicionantes no sólo un punto de partida, sino también un objeto de investigación (Bambirra, 1972).
Por otra parte, con relación al materialismo histórico como teoría del desarrollo histórico (Anderson, 2004), el análisis de las formaciones sociales nos posibilita apreciar características específicas de las diversas fases del desarrollo histórico del capitalismo y su impacto en la composición y dinámica de las clases sociales. En esta línea, los estudios de dos Santos aportan elementos generales para pensar la dependencia como categoría histórica. El autor reconoce distintos modos de dependencia correspondientes a diferentes fases de su desarrollo. Éstas no corresponden necesariamente a un desarrollo lineal y mucho menos “evolutivo”. De este modo, se trabaja el problema de la periodización para ubicar los momentos de cambios y transiciones en el desarrollo histórico mismo. Es posible continuar con análisis más específicos, donde podemos reconocer que estas fases coexisten en una misma formación social, donde incluso conviven varias formas de un mismo modo de producción que se articulan de manera compleja y que guardan temporalidades propias (dos Santos, 1967).
En términos generales, el autor distingue tres fases:
Finalmente, y con respecto al tercer punto reconocido por Anderson (2004), volvemos al punto de inicio: las TMD se originaron como teorías vinculadas a prácticas políticas revolucionarias. Desde sus inicios se desarrollaron en disputa directa con las perspectivas etapistas de los PC, que terminaban reproduciendo, a los ojos de los/as teóricos/as marxistas de la dependencia, la misma perspectiva burguesa de los desarrollismos de la época. Como parte del movimiento de izquierda revolucionario de la época, desde el exilio y como militantes en Brasil, México y Chile, los/as teóricos/as marxistas de la dependencia sostuvieron que el único horizonte posible para la liberación de AL y las clases oprimidas de la región es la lucha revolucionaria por el socialismo:
Utilizar esa línea de análisis para estudiar las formaciones sociales concretas de América Latina, orientar ese estudio en el sentido de definir las determinaciones que se encuentran en la base de la lucha de clases que allí se desenvuelve y abrir así perspectivas más claras a las fuerzas sociales empeñadas en destruir esa formación monstruosa que es el capitalismo dependiente: éste es el desafío teórico que se plantea hoy a los marxistas latinoamericanos. La respuesta que le demos influirá sin duda de manera no despreciable en el resultado a que llegarán finalmente los procesos políticos que estamos viviendo. (Marini, 2008: 149)
Los/as estudiosos de la dependencia en clave marxista, fueron, como dijimos, comprometidos/as militantes de la época. Marini militó activamente en los diversos países en los cuales residió, teniendo una destacada participación en el MIR y brindó un análisis lúcido de las causas de la derrota que sufrió la izquierda chilena a raíz del golpe de Augusto Pinochet en el año 1973. Diversos artículos escritos al calor del momento y publicados por el autor, han sido compilados en El reformismo y contrarrevolución. Estudios sobre Chile (1976). Bambirra y dos Santos también aportaron análisis interesantes para pensar la táctica y estrategia de las izquierdas en la región. Como puede verse en las obras Diez años de insurrección en América Latina (1971), La revolución cubana. Una reinterpretación (1976) y A teoria marxista da transição e a prática socialista (1993) de Bambirra; y, La estrategia y táctica socialista: de Marx y Engels a Lenin (1980), de co-autoría con dos Santos.
3. Consideraciones finales
El sector de la autodenominada “izquierda revolucionaria” al cual pertenecían los/as teóricos de las TMD era sumamente heterogéneo y se caracterizaba principalmente por una revisión crítica de los postulados clásicos de los marxismos europeos y de las líneas políticas de los PC. Tal empresa arrojó los más variados resultados, en un contexto de florecimiento de los movimientos revolucionarios alrededor del mundo. En ese sentido, los/as dependentistas confluyeron con un clima particular de insurgencia y renovación política que transcurrió durante los años ‘60, donde confluyeron miradas gramscianas, maoístas, tercermundistas, guevaristas y trotskistas. La mayoría de ellas buscaban contraponer la importancia de la acción y la lucha política a las miradas más mecanicistas del desarrollo histórico que primaron en los marxismos tradicionales.
Las TMD se consolidaron, entonces, como una visión marxista de los problemas de AL que logran mostrar las particularidades de la región en el marco de un análisis global del capitalismo y sus resultados teóricos permitieron avanzar en la transformación social. Se presentan también como una base desde la cual abordar las realidades actuales, no desde una aplicación mecánica de sus conceptos e hipótesis, sino desde la investigación de la realidad concreta[8].
Consideramos central recuperar a las TMD como parte del legado de los marxismos latinoamericanos y reconocer sus aportes en tanto teorías marxistas propias que nos permiten comprender las particularidades de nuestra región. El modo en que estos/as intelectuales y militantes pensaron la dinámica económica y política de nuestras sociedades desde una perspectiva que recupera el materialismo histórico, habilita elementos de análisis teóricos metodológicos centrales para comprender las formaciones sociales contemporáneas de AL, y al mismo tiempo, rehabilitar perspectivas políticas críticas orientadas hacia una alternativa anticapitalista.
Los/as teóricos/as marxistas de la dependencia lograron configurar un sustento teórico propio desde el cual proponer una salida táctica-estratégica que pusieron en juego en su práctica militante. Marini, dos Santos y Bambirra, con sus puntos de encuentro y diferencias, representan militantes revolucionarios/as e intelectuales, docentes y académicos/as que aportan elementos fundamentales para la consolidación de las TMD como una crítica a la economía política capitalista e imperialista. Autores que recuperaron las herramientas teórico-metodológicas de Marx, a partir de una lectura rigurosa del El Capital; y las teorías clásicas del imperialismo para explicar las particularidades sociales y políticas de AL e incorporan la categoría de dependencia, desde una visión histórica-estructural.
Como sostiene Jaime Osorio (1995), los debates en torno a la dependencia se constituyeron como una referencia privilegiada para reflexionar sobre las particularidades históricas de AL y las formas de acción política que se desprendían de su situación. Estas décadas fueron prolíficas para las ciencias sociales latinoamericanas y fueron los últimos momentos en los que se plantearon tan generalizadamente problemas que abordan fenómenos estructurales y con pretensiones de totalización de la realidad social. Las derrotas políticas de los ‘60 y ‘70 asestaron un duro golpe a la clase trabajadora mundial, que perdió muchos de sus cuadros más lúcidos. A su vez, desde los ‘80, el posmodernismo y las críticas a los grandes relatos decantaron en paradigmas fuertemente relativistas que fueron progresivamente constituyendo espacios de investigación cada vez más fragmentados e hiperespecializados. Por eso, recuperar la TMD, no solo desde la investigación sino también desde la práctica, nos parece un ejercicio saludable mediante el cual comprender el mundo que nos rodea y actuar sobre él.
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Notas